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Es
la tercera región en superficie de España después de Castilla
y León y de Andalucía, lo que supone aproximadamente un 15,7
% del total de las tierras españolas.
Tras
la caída del Imperio Romano fueron los visigodos los que ocuparon
estas tierras, siendo erigida capital del Estado visigodo,
en el s.VI, la ciudad de Toledo. Esta capitalidad, durante
un tiempo pasará a Valladolid, para asentarse finalmente en
Madrid. En 1691 se creó la provincia de La Mancha, que agrupaba
a 21 provincias castellanas, y cuya capital se estableció
en Ciudad Real.
La
Meseta preside sus paisajes, con las interrupciones debidas
al Sistema Central y los Montes de Toledo.
Predominan
los materiales paleozoicos, sobre los que actuó la orogenia
herciniana y después la alpina, que dio lugar al Sistema Ibérico
y Bético. Posteriormente se formaron la fosa del Tajo y los
Montes de Toledo. La serranía de Cuenca sufrió un arrasamiento,
después del Jurásico. La Sierra de Alcaraz se terminó de formar
con la sedimentación posterior a la orogenia terciaria. En
el Cuaternario, como en el resto de España, se encajó la red
fluvial. El discurrir de los ríos ha influido en el paisaje,
de forma que encontramos los campos cultivados en margas y
arcillas del curso medio del Tajo, el paisaje de páramos y
valles de erosión de la Alcarria, y por último, la gran llanura
manchega.
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La
Meseta es una depresión repartida entre la cuenca del Tajo
y la del Guadiana, que están separadas por los Montes de Toledo.
En ella podemos distinguir las siguientes subunidades: Los
páramos calizos alcarreños, la Fosa del Tajo medio, los Montes
de Toledo, La Mancha, el Campo de Montiel, el Campo de Calatrava,
el Valle de Alcudia y Sierra Morena.
El Sistema Central parte de la Meseta, separando la Cuenca
del Duero y el valle del Tajo. Se trata de un horst, o área
sobreelevada, entre la Fosa del Duero y del Tajo.
El
Sistema Ibérico es frontera oriental con Castilla-La Mancha.
Se trata de un conjunto de bloques, en forma de macizos y
parameras, con una red fluvial encajada, que tiene un régimen
torrencial. Tiene las mayores alturas hacia la provincia de
Cuenca, en la Serranía de Cuenca y en sus incursiones en la
Sierra de Albarracín.
El
clima es templado de tipo mediterráneo continentalizado, con
una estación seca y con una temperatura media entre 10ºC y
14ºC. La oscilación térmica puede llegar a los 20ºC. En el
verano, el anticiclón de las Azores provoca una gran estabilidad
y altas temperaturas. Son frecuentes olas de calor, que pueden
superar los 40ºC.
La gran extensión de la región hace que existan variaciones
de unas áreas a otras, siendo más continental en las llanuras
centrales; con influencia del Mediterráneo en las áreas más
cercanas a levante, como Albacete y Cuenca; e influencia del
Atlántico, en las zonas occidentales de los Montes de Toledo.
Las
variaciones en el clima originan una vegetación que va desde
la mediterránea y subesteparia hasta la suboceánica, en áreas
de montaña y de influencia marina.
La
vegetación mediterránea se da principalmente en las montañas
de los viejos zócalos, limitados por los Montes de Toledo
y Sierra Morena al sur. En algunos puntos este bosque se conserva
muy bien, aunque en general, el primitivo bosque de encinas
ha retrocedido por las continuas talas para obtener madera
o para incorporar nuevas tierras de cultivo.
Existe
vegetación de coníferas como clímax o bien repoblación en
las montañas de la zona norte y este de la región, con especies
como el pino. También encontramos rebollo y quejigo, en zonas
montañosas, y el olmo y chopo como vegetación de ribera.
Las altiplanicies y llanuras de la parte central, es decir
en La Mancha, están cercadas por montañas, y en ellas la vegetación
es escasa. En estas zonas abundan los fenómenos endorreicos,
como sucede en las Tablas de Daimiel o en las Lagunas de Ruidera.
Los
ríos principales son el Tajo y el Guadiana. El primero aprovecha
la fosa tectónica existente entre el Sistema Central y los
Montes de Toledo. El segundo tiene un cauce poco profundo,
con escasa velocidad y poco poder erosivo. Casi todos los
ríos existentes son afluentes de aquellos, y les incorporan
sus aguas. El río de mayor caudal es el Tajo, por las aportaciones
en forma de lluvia y nieve de los Sistemas Ibérico y Central.
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