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LA
GOMERA está hecha para el caminante. Para quien quiera perderse
por sus frondosos bosques, por sus imponentes barrancos, por
sus verdes valles. Para quien quiera descubrir, paso a paso,
un paisaje excepcional, propio de otros tiempos. Un paisaje
esculpido a golpe de mar, con sus profundos acantilados, o
envecejido por el paso de los siglos, como el Parque Nacional
de Garajonay. Vestigio de la Era Terciaria, nada menos, Garajonay
es un bosque donde encontrarse con la historia del mundo.
Una vegetación prehistórica, regada por el agua de sus muchos
manantiales , espera al viajero que se adentre por sus mágicas
entrañas. Declarado por la Uneso Patrimonio de la Humanidad,
cualquier ruta es buena para conocer los atractivos de este
Parque Nacional. Pero hay más. En la isla, auténtico paraíso
para el visitante que busca la paz y el sosiego de sus vacaciones,
abundan senderos y caminos que le transportan, a través de
su intrincada orografía, por sus caseríos, sus barranqueras
o sus bancales agrarios, fruto del noble esfuerzo de los gomeros.
Valles cubiertos de palmeras que abrazan pequeñas y sugerentes
playas o la estampa inverosímil del Teide, majestuoso allá
en la vecina isla de Tenerife, pueden ser la culminación perfecta
de una excursión inolvidable.
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