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Las
costas de El Hierro son rocosas y muy abruptas, con inaccesibles
acantilados de hasta 1000 metros de altura y algunas calas
y piscinas naturales que invitan a un refrescante baño en
sus aguas. En la meseta de Nisdafe encontramos campos y praderas,
mientras que en el pinar abundan las higueras y los almendros.
También aquí podemos disfrutar de la legendaria primavera
eterna de las Canarias, con una vegetación subtropical en
las zonas fértiles que contrasta con el fascinante volcanismo
de otras partes de la isla. El caso es que la mayoría de visitantes
no tardan en volver a la isla y hay verdaderos adictos. En
la oficina del Patronato de Turismo puede obtenerse una guía
gratuita en la que se indican los itinerarios más interesantes.
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