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y como marco se encuentra el paisaje soriano, que oscila entre
la sobriedad de las parameras y la frondosidad de sus inmensos
bosques de pino silvestre, hayas y robles, con riachuelos
cantarines. Un paisaje virgen, en muchos casos, y respetuoso
y amorosamente tratado en los otros. Un paisaje heterogéneo
que fascinó a escritores como Bécquer, Machado, Gerardo Diego
y Sánchez Dragó. Un paisaje que llega
al alma.
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