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La
Costa Daurada se podría definir, en pocas palabras,
como un gran contraste. En él encontramos espacios
naturales de gran belleza y de gran interés. En el
sur el Parque Natural del Delta del Ebro y la Reserva Nacional
de los Puertos de Tortosa-Besseit y en el oeste las Montañas
de Prades.
Estas dos últimas con grandes extensiones de bosque
en los que aún se encuentran núcleos habitados.
Entre estos macizos encontramos la Sierra del Montsant que
contrasta con los paisajes anteriores por su falta de vegetación
y de vida animal. Majestuosamente rocoso, con rincones en
los que refugiarse y sorprenderse; así como pintorescas
ermitas que nos trasladan a un pasado en el que la montaña
era refugio de bandoleros y de quienes buscaban paz y tranquilidad.
Las llanuras interiores nos descubren un paisaje de cultivo,
sobretodo la vid, entre pueblos pequeños y alejados
unos de otros, con colinas pobladas de pinos. Casas de piedra,
monumentos románicos y góticos, edificios modernistas
y poblaciones que concentran la vida comercial y cultural
del interior.
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