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La
explosión de los deportes de invierno a partir
de los años 60, conviertió a esta región
en la capital mundial del denominado "Oro blanco".
Los bellos parajes montañosos, junto a una perfecta
organización de los servicios necesarios para el
desarrollo del turismo, pone a esta parte de los Alpes
la cabeza de la oferta de la práctica del esquí,
varias veces sede de Juegos Olimpicos de invierno, como:
Grenoble (1968) y Albertville (1992).
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