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Si ayer cuando entraba en Vilna, ya aprecié
mejoras respecto a Letonia, hoy después de recorrer la ciudad
durante cerca de 8 horas, puedo decir que me ha cautivado. Tal vez
por no conocer nada de ella, junto a la idea que tenía de
ser una ciudad con vestigios soviéticos, me he llevado una
gran sorpresa. Se está transformando a marchas forzadas.
Innumerables obras de canalización, pavimentación,
rehabilitación de fachadas, modernísimos centros comerciales,
etc, están llevando a que en poco tiempo vamos a oir hablar
mucho de Vilna. En realidad ya hoy está bellísima.
Puede competir con su zona antigua y mejorar a Tallinn y no digamos
donde queda Riga.
Al tener un casco antiguo tan grande, ya que es
el mayor de Europa, la visita da para todo el día. Están
limpiando las iglesias tanto católicas como ortodoxas, los
edificios barrocos lucen llevándote a otro siglo y no quedan
en el centro, los antiguos y clásicos edificios de cemento/piedra
gris de la época soviética.
Los lituanos han apostado por la Unión Europea
y en bastante sitios te cogen ya euros. En definitiva, una agradabilísima
sorpresa y un día de paseo especialmente bonito, compensación
del de ayer.
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